Club de Luchas Chimbesque
Luchando por la tradición
Eusebio Ledesma, el corazón también lucha

Éste quien les escribe vio aquella única mirada perdida en la concentración por primera vez sobre la arena del Mencey Tegueste. Junio, vuelta de semifinales del Torneo DISA Gobierno de Canarias del 2023. Le vestía el color verde del Maxorata y, a pesar de que el equipo majorero estaba a un paso de su segunda final regional consecutiva, el marcador de la catedral iluminaba un 11-6 a favor del CL Tegueste. Esa mirada de aquel luchador, que andaba buscándose un palmo de silencio en aquella plaza abarrotada, se había quedado solo. La mirada se fruncía y se desgañitaba en atención en apenas un parpadeo, mientras se recolocaba su manga izquierda y el cordón del pantalón.
También el casco de protección, negro, que le cobijaba cabeza y cuello. Agarraba y esa mirada se perdía y hablaba su maña y un Traspiés tan bien tendido en su segunda vez en aquella arena que zancadilleó un rugido local difícil de olvidar. Y así fue hasta el 11-12, incluso más allá, en la gran Final, donde cayó ante Tino Rodríguez del Antigua tras toda una temporada sin hacerlo. Y aún embriagada de cansancio y de derrota, ahí continuaba, aquella mirada inagotable y acorazada en tantas cosas por contar.
Tras una excelente temporada pasada, ¿cómo afrontas esta próxima campaña 25/26?
“Con mucha ilusión y ganas. Lo más difícil en el deporte no es ganar, sino mantenerse en lo más alto durante un tiempo”, recuerda Eusebio Ledesma. “Somos conscientes de que esta temporada seremos el objetivo de todos los equipos: todos querrán ganarnos por ser los vigentes campeones. Y si queremos seguir compitiendo como lo hicimos la temporada pasada, tenemos que dar todo lo que tenemos”, añade.
¿Cómo ha sido la experiencia de luchar en San Miguel? El ambiente en cada lucha, la afición…
“Ha sido mucho mejor de lo que esperaba”, replica. “Cuando era niño, mi padre era el entrenador del equipo sénior del Chimbesque, y siempre vi un ambiente increíble.
Más tarde, cuando mi hermano Marcos estuvo aquí, también viví momentos inolvidables en San Miguel. Y ahora que estoy yo, incluso estoy viendo aún más apoyo por parte de la afición”. Además reconoce que “cada día que pasa, estoy más contento de haber tomado la decisión de venir. Ojalá pueda ofrecerles a los aficionados de San Miguel otra temporada para el recuerdo. Cada vez que luchamos en casa, nuestra afición nos hace más fuertes”.

Terrero José Álvarez de Santa Úrsula. Final de la Liga Gobierno de Canarias 2013. Aquella mirada tenía 16 años y le vestía el rojiblanco del Rosario, pero no era propia de un cadete. Ocupó una primera silla que no pudo plegarse hasta que Álvaro Déniz, Puntal A del CL Victoria, le dio una agarrada. Sin casco de protección, todavía, compartió, sobre esa arena novata en la que logró su primera regional, el orgullo de su hermano, en el banco, y el de su padre, que le palmeaba cada vez que se dirigía al centro del terrero.
¿De qué forma viviste la Final a cuatro? La ilusión de la afición, la concentración en el hotel, la actitud del equipo…
“Fue uno de los fines de semana más intensos de mi vida. Desde que nos juntamos en el aeropuerto, todos empezamos a darnos ánimos y a creer que podíamos quedar campeones. Luego, Soliño, Fran y todos los directivos que nos acompañaron hicieron un esfuerzo enorme para que nosotros solo tuviéramos que centrarnos en luchar”. Además, el Puntal chasnero recuerda especialmente a “nuestra afición, que nos hizo sentir como si estuviéramos en San Miguel. Todos los luchadores sentíamos que cada parte estaba muy involucrada, y eso nos impulsó a salir y dejarnos la vida en el campo. Afortunadamente, logramos el objetivo”, expone.

La lucha ante Mamadou: un Puente en una semifinal tras una agarrada separada. Es una toma de decisión de segundos, pero ¿podrías explicar como lo gestionaste en ese momento?
“Es difícil dar una explicación cuando ni tú mismo sabes cómo lo hiciste”, confiesa. “Cuando comenzó la segunda agarrada, yo tenía una falta menos que mi rival. Sabía que él iba a venir a atacar, y yo estaba esperando el momento para intentar tirarlo. Desafortunadamente, nos empataron en amonestaciones y quedaba muy poco tiempo. En ese momento, lo único que me decía a mí mismo era que me la tenía que jugar. Nada más tocar el pito, vi que Cámara tenía la pierna derecha adelantada e intenté una cogida de muslo, pero él la defendió muy bien y me quedé suelto”, detalla. A partir de ahí, mi cuerpo fue solo. No pensé nada de lo que hice y cuando me di cuenta de lo que había pasado, ni yo me lo creía. Al final, tantas horas de entrenamiento hacen que tu cuerpo sea capaz de tomar el control y hacer lo que a veces tu mente cree que es imposible”, confiesa el bregador.
Te llevas una de las mejores agarradas de los últimos años, sobre todo por el contexto en la que la ejecutas. ¿Cómo gestionas emocionalmente ese momento?
“En esos momentos, trato de no dejarme llevar por todo lo que se desata: compañeros saltando de alegría, tu afición haciendo vibrar las gradas… Lo fácil sería ponerse a celebrar, pero lo que trato de repetirme en la cabeza es que tirar al puntal rival no implica que hayas ganado la lucha, que aún queda hacer un punto más. Intento mantener el foco de concentración en eso. Además, también pienso que hay que guardar respeto por el rival que queda en pie, aunque no sea el puntal del equipo, y más aún cuando se trata de alguien como Carlos Matoso”, relata Eusebio Ledesma.

Tu familia es un gran apoyo para ti. ¿Sería Eusebio Ledesma el mismo sin ellos?
“Sin ellos, no estaría donde estoy. A lo mejor desde fuera no se ve, pero ser el puntal de un equipo implica una gran carga mental y emocional. La responsabilidad de que el equipo gane o pierda recae casi totalmente sobre ti; vives intentando no lesionarte; eres el objetivo de muchas críticas…Es muchísima carga, y hay veces en las que se vuelve tan pesada que sientes que vas a caer. En mi caso, son mi novia y mi familia quienes me mantienen en pie y me ayudan a seguir adelante.
Además, tengo la suerte de que, en cada lucha que disputo, sé que ellos están en la grada. Y eso me hace querer dar incluso un poco más del 100%, porque sé que están ahí, apoyándome y sufriendo conmigo.
En cuanto a tu forma de luchar, tienes muchas luchas y mañas predilectas, pero sueles luchar bastante por bajo y “envolver” al oponente con la mano detrás de su calzón…
“Desde que era pequeño, siempre he sido menos corpulento que otros luchadores destacados de mi edad o mayores. Como veía que luchando a lo bruto no iba a poder tirarlos, me centré mucho en mejorar mi técnica y en buscar la manera de compensar esa diferencia física”, explica.
“Mi padre me ayudó mucho en eso y me enseñó que la mejor forma de hacer daño a esos rivales era luchando agachado, para intentar romper su defensa desde abajo.
Luego, esa manera de luchar pasando la mano por detrás me fue saliendo sola, pero lo cierto es que, gracias a que mucha gente me decía que me parecía luchando a José Ángel Méndez, comencé a buscar vídeos suyos para pulir mi técnica basándome en su estilo.
Tras mejorarla, y también gracias a haber ganado más fuerza con el entrenamiento, esa forma de luchar se ha convertido en una de mis señas de identidad como luchador y me ayuda a derribar a muchos contrarios”, concluye.

Ahora, ese luchador lo viste el azul y amarillo del Chimbesque. Se abrocha el casco, a veces la protección para las orejas, otras, cuando la paciencia se caldea, al descubierto. Y este quien les escribe ha vuelto a ver esa ensimismada mirada alzando su quinta regional, con los ojos encharcados en su dedicación y entendiendo que su lucha empieza desde dentro y esa es, sin duda, el verdadero éxito.